Arte e integración de la cabeza, el corazón y la mano en la pedagogía Waldorf

Aunque muchas personas lo desconocen, la investigación sobre el cerebro contradice la interpretación esencialmente intelectual o cognitiva que se le viene dando al aprendizaje, tanto en los sistemas educativos convencionales como en actividades que promueven la ‘gimnasia cerebral’, recursos educativos tipo ’Baby Einstein,’ ‘El entrenamiento para el informe Pisa’ o ‘recomendaciones neurodidácticas igual de poco inspiradoras’.

En cambio, la investigación cerebral muestra claramente que este tipo de aprendizaje instructivo, a largo plazo, no lleva a ‘almacenar’ lo que se ha aprendido (cuya consecuencia, por ejemplo, es que la información memorizada se olvida después del ‘examen’). Cada vez está más claro que son más bien las experiencias sensoriales-corporales-emocionales (como la felicidad y la decepción, el asombro o el malestar) los elementos constituyentes del aprendizaje y del desarrollo del cerebro.

Dicho de otro modo, la neurociencia ha demostrado que el elemento esencial del aprendizaje es la emoción.

Estos resultados se suman a la cada vez más abundante literatura científica que apoya las prácticas y enfoques que la pedagogia Waldorf lleva poniendo en práctica desde hace casi un siglo. Una pedagogía cuyos maestros poseen un potente entrenamiento específico en el trabajo emocional y sensorial de los alumnos, y por supuesto también en el intelectual. Y en este trabajo emocional el Arte, como herramienta transversal de interconexión de materias académicas, desempeña un papel fundamental. De este modo, en Waldorf aprenden las mismas materias y contenidos que en las escuelas convencionales, pero enriquecidos por estás interconexiones a través del arte.

En este sentido, los estudios sobre el cerebro indican que la multiplicidad ordenada de la experiencia y actividades artísticas y creativas ricas producen una estructura de cerebro con una gran capacidad de asociación, una estructura que en sí misma parece ser una condición orgánica para el pensamiento creativo y procesos emocionales complejos.

Cuando hacemos arte, cuando creamos pinturas, expresamos nuestros impulsos y deseos, nuestras sensaciones y emociones, nuestras experiencias e imaginaciones sensoriales y nuestro pensamiento. El arte puede involucrar a todo nuestro ser, desde las funciones duales del cerebro, el sistema tricerebral hasta nuestro organismo corporal. En el contexto de esta imagen de nuestra humanidad (que es mucho más a que una mente y un cuerpo) el arte y el proceso creativo actúan como mediadores entre nuestra actividad material e inmaterial.

Por todo ello, el arte debería convertirse en una parte vital del aprendizaje, de nuestras vidas, una parte esencial de nuestra vida interior, sea cual sea nuestra profesión o estilo de vida. La creatividad debe entrar en nuestras acciones y toma de decisiones diarias. Ello ya es sabido hasta el punto de que las empresas demandan estás habilidades, e irremediablemente el sistema educativo tendrá que por fin abrazar está realidad.

Por eso, si no vamos a convertirnos en máquinas robóticas pensantes por un lado, o animales caprichosos, impulsivos por el otro, y queremos comprender todo nuestro potencial, nuestros dones auténticos, será en la esfera de las capacidades creativas, del artista que hay en nosotros, que podremos encontrar nuestros atributos universalmente humanos. Al final, es esencial que consideremos a los seres humanos como organismos completos en relación con el mundo, y que no nos quedemos cortos considerando solamente las funciones cerebrales o procesos cognitivos medibles. Al fin y al cabo, somos más que meros cerebros, no somos solamente nuestra cabeza, ¡también somos manos y un corazón! que, con fuerza, nos late en el pecho y nos lleva a sentir y actuar, a crear, y a vivir como seres humanos completos. Y todo ello se puede (y se debe) integrar, entrenar y trabajar de forma sistemática en el colegio.

Fuentes y bibliografía:

http://www.waldorf-resources.org/…/42b2767f5c9e52c6eec409f…/

https://biotmr.com/2014/04/15/la-neurociencia-demuestra-que-el-elemento-esencial-en-el-aprendizaje-es-la-emocion/

 

 

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